no mucho más que amenaza, indiferencia, dependencia, consumo o desidia; y no es el tipo de experiencia con el que nuestro mundo profundamente desigual identifica al joven de las comunas de Medellín, las favelas de Brasil, las villas-miseria de Argentina, las colonias precarias de México, las callampas de Chile, los smulldogs de India o de cualquier suburbio marginal del globo terráqueo. Los protagonistas de este relato se encargan de sí mismos, necesitan menos de los demás, que lo que están siempre prestos a ofrecer. Por tanto, este no es un llamado directo o indirecto a las instituciones o autoridades estatales para que apoyen las iniciativas de los jóvenes en las comunas, es, por el contrario, una invitación a que participen, a que no se queden fuera de las cosas más importantes que allí suceden. |